–“Papa, discúlpame por nuestros malos entendidos”, dijo el Sr. Julio, algo que era muy difícil para el ya que siempre había sido demasiado duro con todos
–“Mira solo vine para verte porque a pesar de nuestras diferencias, siempre supe que eduque un buen hijo, y hoy en este momento lo demostraste, solo quiero estar en paz, necesito hacer un pequeño viaje a resolver un asunto y espero volver para pasar mi poco tiempo contigo y tu familia que son lo único que tengo”
–“Yo me encargo de todo lo que tengas que resolver, quédate aquí ya con nosotros, espera a que Ian regrese de su viaje de trabajo para estar todos, el te estima mucho lo sabes”
–“En esta ocasión Julio tengo que ser yo quien se encargue de esto espero no demorarme, solo quería verte antes de salir, aquí mi buen amigo Ernesto me estará cuidando”
–“¿Porque mejor no puedo ser yo?”
–“Porque así deben de ser las cosas hijo, te prometo regresar”
El Sr. Santos no quería que su hijo se sintiera solo y con asuntos sin resolver, solo fue a despedirse, pero no para regresar a su casa, ya que el había hecho su propia agenda, una que hasta este momento ni siquiera Ernesto conocía.
–“Hijo ¿aun conservas el viejo librero, con mis cosas de antigüedades?”
–“Si papa, necesitas algo”
–“Solo quiero la antigua cruz que era de tu mama”
–“Déjame ir por ella”
El papa de Ian se paro y fue al segundo piso por el encargo del Sr. Santos, entonces Ernesto aprovecho e inmediatamente dijo:
–“Santos, ¿que estas haciendo y que planeas?”
–“Saliendo de aquí te lo diré, confía en mi, por favor, ya estoy perdiendo mucho tiempo”
<< Anterior–Indice–Siguiente >>